EL BAILE DE LOS DIAS.

Yo odiaba mis años y creo que,
de rabia hasta los tuyos.
Me consolaba el regalo de abrir las mañanas
y saber que estabas en algún lado,
dejándome notas escritas en post-it
– así eres tú – incluso, los veía clavados
con alfileres por el cielo…
Yo tenia desgranado para hoy, hasta un discurso,
un alegato honesto y sincero de cómo
me van erosionando a buen ritmo los años,
tenia ensayado hasta el tono preciso,
marcadas las pausas y los tiempos…
pero, tuviste que adelantarte tú, para estropeármelo todo,
tuviste la idea violenta de, tirar tus labios sobre los míos,
haciendo asì, que se me fueran borrando
párrafo a párrafo, uno trás uno del cerebro.
No contenta con eso, desenfundaste del pijama tu muslo
y todos mis años desaparecieron de un plumazo,
no quedó ninguno.
Yo odiaba convencido, mis años
y me atragabantaba sutilmente, con los tuyos.
Soltaba amarras, cada noche en el puerto
poco profundo de tu ombligo
y amanecía, en la arena de mi cama
hecho un naúfrago de mí mismo.
Yo no era el único
que habia sorprendido
esperándome, a los dias escondidos
debajo del felpudo.
Yo había descubierto,
que si abrazabas con furia tú, mi vida
el vertigo, de encontrarme cada día
con el mundo era lo de menos,
y que el peligro verdadero vendría cuando
me viera frente a frente, contigo a solas
y se interpolaran, mi boca entre tu boca
y mis años, tu vientre entre mis dedos
y mis años… como si páginas
de un libro, fueran.

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Pacientemente, dibujas mi vida.

Hay un mundo paralelo a este donde vivo,
donde -todo hay que decirlo-
coincido contigo. Hay un submundo
de tristes paisajes en riguroso blanco y negro,
hay pinceles y acuarelas tiradas por el suelo
y un tiznón de carboncillo debajo de tu labio
concentrado, fino, serio.
Hay una paleta -qué digo- un mar, desordenado
de colores, listo… y yo tan sólo estoy esperando,
haber de qué color se te ocurre pintar este frío.
Hay un pozo en tu imaginación,
del que emana el más bello de los proyectos
-aquí, la vida- hay una simiente -amor-
maravillosa, extraña… -¿Qué tiene tu cerebro?-
Hay una grieta pequeña arañando tu ojo
que deja ver la realidad -la odio- del otro lado.
Tienes los dedos, tu frente y el aire manchados…
-sonrío mientras, recorro con la mirada todo
y pienso: Contigo… contigo tengo tanto.-
Hay un rayo de luz minúsculo
descendiendo por tu pelo, hay una tarde temblando
bajo un sol agonizando, medio muerto,
un sentimiento que revienta, si me descuido,
el pecho… lo hace añicos y yo sólo puedo
repetir que te quiero, mi niña, te quiero.
Captura

INVIERNOS, COMO ESTOS MÍOS

Tengo, de estaciones mías, en las entrañas esparcidas, escondidas…

Tengo mis preciosas primaveras, podría decir que hibernando al anhelo, de más soles… dormidas.
Tengo en las venas todavía, escarcha navegando a la deriva, bordeando de continuo mis orillas, haciendo un glaciar sólido de mi vida.
Presumo de tener ondeando mi bandera en la calma salvaje, de cualquier tierra,en el clamor confuso de aquellas,quien lo diría,las batallas en que estuve…en las más jodidas
Flaqueo, no me digas por qué, ante el temblorde las mañanas, cada día, al manto imperceptible, de una niebla que avanza hacia mí, silenciosa por la almohada,también al no saber, si seré capaz -querría- desenterrarme, por mi mismo -¿cómo?- de entre las sabanas.
Retengo, esposadas a mi corazón todas las ganas, todos los deseos de abrazo que figuran como alas o nudos pacientes que, se retuercen y se lían en mi cintura, esperando ansiosos, tu llegada.

Entre plumas y rímel.

Me pinté, con detenimiento,
los labios con un brillo suave de luna,
me rescaté con cuidado de dentro del espejo
mientras despegaba también de él, la mirada.
Tardé  lo necesario en hidratarme bien las zonas
mas áridas de mi cuerpo, de mi cara…
no debía descuidar jamás, mi piel color de nieve,
preciosa y mucho menos, la colección de gestos
que sin darme cuenta, cada vez más almacenaba.
Sé que incluso, mis andares eran concluyentes,
me delataban pero creo que era algo incontenible,
me lo pedían ser así, mis caderas, solo
me limitaba a dejarme llevar si antes, no
me rompía al andar o si no sucedía cómo en cada despertar,
donde se hacían añicos mis pensamientos, todas las mañanas
al chocar contra la realidad, contra la conciencia.
Era una especie frágil como muchas otras
pero ninguna llevaba con tanto orgullo
y descaro como yo, el perfume de Angel, en las muñecas
y en el cuello, sabia que allá por donde pasase atraía
las miradas de los viandantes, que a mis espaldas provocaba
y se decían muchas o todas las barbaridades, pero la verdad,
era que eso me daba igual, me encantaba, me sentía genuino,
la ciudad para mí, era como una gran pasarela.
Adoro mi feminidad y ese tramo quebradizo
que va definiendo, a grandes rasgos mi sexualidad, amo
mi lado mas bestia, esa extraña y misteriosa polaridad,
sentirme tan bella bajo el nombre nada apropiado de Adrián.
Me fascina guardarme una lágrima y dejarme vencer por ella,
cuando nadie me mira y que ésta salte la alambrada a su antojo
cuando quiera, de mis pestañas. Prometo quererme, siempre,
toda la vida, regalarme momentos inolvidables aunque eso
exija en medir mejor mis impulsos, en ser menos loca
y más comedida.
Me dibujé como una artista experta la linea del ojo.
Me gusté, me quedé mirando los huesos desnudos de mis hombros,
me examiné por unos segundos y me dije: “Puedes con todo.”
Me guiñé con complicidad hasta tres veces el ojo, tuve miedo
del futuro y de mi rebelde barba y de los años que abarcaban
con furia mi rostro. Tuve la sensación de que me miraba un hombre
desde el fondo del espejo. Me enamoré de él, le lancé mi  beso más tierno.
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Nube… como la nuestra.

Volaba.
Volaba una nube despistada
buscando a su mamá,
pero no la encontraba.
Pasaban las horas,
pasaba el aire por las montañas,
por los ríos, el agua
y de su mamá… nada.
A veces, subía y otras bajaba,
se divertía tocando las antenas,
los tejados de las casas,
casi se perdía,
desaparecía… jugaba
metiéndose
por las ventanas.
Triste y cansada,
se sentó a mirar
desde lo alto de una chimenea
y vio la ciudad
y una escuela
y más allá un tren
que no paraba.
Anochecía.
Las aves en su vuelo
arrastraban una  luna
y la mamá esperaba
y esperaba,
con la lumbre del sol
ya casi apagada.
Con la cena recién hecha
se preguntaba:
-¿Dónde estás mi niña?-
y la pequeña,
volaba y volaba.
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Mi intento, se quedó en tu suspiro.

Adivino que respiras al otro extremo de mi vida, en cualquier pliegue de las sábanas, que son nuestro campo de batalla.
Imagino que te persigo como un suicida, por las curvas más peligrosas de tu geografía, por tus pies, por tus gemelos, por tus muslos…
Desvio mi atención hacia dónde la locura es inmensa y otra vez -lo confieso- descubro que me siento sólo, medio muerto y ni siquiera el sol ha rozado -es tan temprano…- el borde de tu boca.

En el aire se desviste tu olor cansado de tu carne, amenaza con desenterrar un pedazo de mi vida, de mi respiración…. Me prometi que si volvia a despertar haria, encima de tus pechos con la lengua, mi hogar, mi casa… ahora, ni siquiera sé, si quiero salir del perímetro celestial de tus piernas.

Quiero tener tu cuerpo desnudo sobre la cama siempre, quiero sentir cuál es mi fortuna al tenerte, saber que florece, otro hombre nuevo entre tus brazos cada mañana, entender que sin ti, el verbo amar queda obsoleto, no vale tanto, quizas nada.

Qué delicia es recorrer tus labios, despacio, sin prisas, qué necesario es que escriba un manual de explorador, que trate sobre tu cuerpo, que me devuelva, urgentemente, a la vida, qué poco ruido hacen al pasar los minutos, las horas,en tu compañia, qué lumbre misteriosa es esa que tiene tu vientre que no arde, ni quema, que mis dedos mojan…

Adivino que respiras y yo a rachas, contigo intento lo mismo, respiro.

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Palabras que tomé de tu boca.

Mi pensamiento era ilegible pero imprescindible. Mi meta era yo y hacer de cada día algo superable, mi vida soportaba la manía de ponerme retos… la carrera más importante que haya corrido nunca, era poner aunque doliera, a todos los espejos, mi mejor sonrisa, la más sincera, la que en todo momento, porta mi hija.
Porque prometo no vivir otra… voy a vivir ésta vida con todas mis fuerzas, cómo me dé la gana con sus virtudes y defectos, con mis alas desplegadas volando a cuarenta centímetros sobre el suelo, voy a dejarme el corazón, la piel, el alma por mis padres, mi familia, no por quien tú… sino por quien yo quiera, voy a hacerme un tatuaje nuevo, con tu huella.
Mi pasión, mi debilidad, mi último y gran sueño que respires, lo que yo respiro, que cada delirio traiga consigo, el comienzo de una nueva aventura, juntos y que mañana como hoy todo exista, todo fluya no porque deba sino, porque tengo ganas, porque quiero, porque desde que despierto -me ves, no hace falta que te lo diga- lucho.

Hoy merecia escribir esto, una página más en el libro maravilloso de mi vida.

Invierno y después, verano.

Hoy.
Hoy, te he visto llegar desde la ventana de mi habitación
y me ha dado alegria, verte.
Hoy. Hoy, quizá me he arriesgado contigo quitando
toda mi ropa de abrigo, inexorablemente
y la he guardado, sin doblar al fondo del armario.
Me ha costado una sonrisa que pusieras
un sol radiante, a mi dia.
Hoy. Hoy, te digo: – Primavera, bienvenida.- aunque
llegas, casi tarde cuando ya es verano
y a mi ánimo le quedaban unas flores que sólo,
crecian en las puertas del invierno.

Hoy. Hoy, con las prisas no he sido honesto contigo,
he pensado más bien, en mi que en el decorado que has traído,
para ponerlo sobre las praderas y valles que no pisaba
desde hacia tiempo, por el frío. Me ha gustado
la alfombra de amapolas, margaritas, lilas… que has bordado
para mi, con todo tu cariño , en los verdes campos
que parecían sin sol tristes, apagados y sin brillo.
Fijate, que no soy de elogiar un trabajo si no esta bien acabado
pero, qué se puede decir de lo que has elegido
para mis días -no sé cómo decírtelo-
del album de tonalidades, los colores más bonitos.

Hoy. Hoy, has volcado sobre mi vida, la tuya,
sin avisarme y me he visto tan colmado de fuerzas,
de alegría, de ganas de comerme el mundo
que me ha dado miedo de que aquì, a unos meses
me vea entre los huesos del otoño diciéndome:
– Cuánto, añoro lo tuyo.

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Mi mala hostia.

¿Es que nadie se da cuenta de que no soy feliz, de que los días me ponen tantas trabas, de que me cuesta sonreir?
¡¡¡Dios!!! Còmo me encanta mi mala hostia. No lo puedo remediar, es como poner un punto y aparte en mi paciencia, es como estrujarme a mi mismo las pelotas, no de manera delicada sino fuerte, a conciencia para luego soportar el dolor y hacer despertar así, a la ira…

Y

es que sinceramente, me afectan de forma terrible las injusticias, no sé contenerme, no sé porqué se me vuelve vinagre la sangre y todo lo que antes parecía a simple vista tranquilo, habitable… regresa para volver a ser un ambiente convulso, agónico, irrespirable.
Sospecho, de que parte de esta culpa pueda tenerla ésta vena azul, que riega la parte occidental de mi cabeza, la que sentencia mis emociones, la que influye en mi conducta y hace que me comporte de forma salvaje e involuntaria.
Ya sé que la violencia no es el camino pero hoy, debería de salir para romper las piernas a alguien, para que me tomaran en serio, para que tuvieran constancia de cómo estoy por dentro, para que dejaran de infringir las normas y se respetaran las pautas normales que se requieren en una convivencia.
En serio, de verdad ¿es tan dificil? entonces por qué estrangulan mi moral, por qué ponen en mis manos unas armas que no necesito, ni se utilizar. Me decepcionan la mayoria de las personas, me generan angustia, me salen sarpullidos, me crean alergia. Pienso que deberian hacer un pais, exclusivamente para este tipo de gente estúpida, para esta clase de individuos que lo único que aportan son estas consecuencias, como la de tú y yo dándonos explicaciones, del por qué de ésta mi mala hostia

.

La muerte como mi vida

Sé que nada de esto me eximiría

o me protegería,

si quisiera decir en mi defensa:

-“Qué majestuosa se aprecia desde aquí, la muerte

mirándola apoyado desde esta balaustrada.”

– “Qué preciosos, se les aprecian los ojos

observándome, desde tan cerca, qué larga su melena,

cayendo sobre sus hombros huesudos, de negro y ceniza.”
“Qué minúscula se erige mi existencia

bajo este cielo, asilo de tantas estrellas,

que pareciera que, estuviera arrugando
para mí, su nariz color de luna,

como muestra de complicidad

o de cariño. Quién sabe…”

En este reguero de horas,

en este momento en que la sangre

cuelga de las venas,

como queriendo salírseme de ellas.

Qué impertinente, puede ser a veces,

mi boca buscando palabras que asustan,

qué monstruosa, la escritora que habita en mi cabeza,

qué mueve letras, que pasa páginas y con desgana me deja estas…

Hubo un tiempo,

en que me pareció exquisita la vida,

en que se me antojaba, como una obra de arte

de una belleza incalculable, exhibiéndose ante mí,

sucinta pero espectacular. No por pensar así, voy a desdecirme

ni a sentir vergüenza, ni a dar mayor importancia pero,

es que me extraña que un día llegué con la muerte,

a un acuerdo de morir, un jueves del mes de enero

y hoy, sábado catorce del mes de octubre

las ganas se me abren…

Y no hay mañana, en que no despierte y aún en la cama,
me haga un examen rutinario y heroico,

con una sonrisa nerviosa -manos, boca, nariz, brazos, piernas…-

encuentro todo en su sitio. Y ella mirándome desde la lejanía,

divertida que no me alcanza, ni yo hago intención de que lo haga.

Me fascina su presencia, su poder…me atrae -pienso-mientras

me rasco la espalda y aprovecho para quitarme las alas
mirar por última vez, entre las cortinas
abrír la ventana y sin saber, muy bien por qué
salté, salí a buscarla.

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